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viernes, 20 de junio de 2014

Un camino hacia el Bautista


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La comuna 5 surgió en la década del sesenta con desplazados y dinero extranjero. “Alianza para el progreso” era nombre oficial del dinero extranjero y “La violencia” era el nombre común para ese desplazamiento. El Jordán… así fue bautizado el proyecto urbanístico del que surge aquella comuna[1]. No pudo ser otro nombre, la metonimia mística haría que al menos el sector y sus habitantes vivieran sobre las aguas de ese nombre bautismal. El sector en cuestión era parte de la expansión de la ciudad hacia el oriente[2]. Uno de los puntos de crecimiento y conexión partió de la confluencia en frente del Sena, la cual conforma un nudo hecho por la llegada simultánea de la carrera quinta, la avenida ferrocarril y la carrera cuarta[3]. De este nudo, se desprenden dos caminos principales: la vía a Mirolindo que lleva a la Ruta 40 y a la salida sur oriental de Ibagué; y por otra parte, es el camino hacia el bautista, la avenida El Jordán, continuación de la Carrera Quinta, vía que termina por conectar aquella comuna naciente con el resto de la ciudad. Así se va consolidando este sector, y en medio de las aguas de esas primeras etapas del Jordán inauguran la iglesia san Juan Bautista.


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[1] Canclini nos plantea que, además de calles, casas y parques, la ciudad se configura con imágenes (107). De la inauguración del Jordán, hay una interesante fotografía en la que el arzobispo de turno va acompañado de lo que parecen dos diáconos y un presbítero; están de espaldas en un plano entero y caminan hacia un conjunto de pequeñas casas seriales de una planta, que están al fondo de la imagen, después de un alto pastizal (González, 351). Quizá el camino hacia el bautista tuvo su inauguración en ese entonces, antes de que se alargara la carrera quinta bajo el nombre de Avenida El Jordán. La imagen es un eco que se repite en el hecho de que estos hombres portadores de bendiciones son la forma mestiza de la violencia primigenia con que se fundaron los primeros pueblos en el hispanizado Valle de las Lanzas.
[2] “El Plan de Desarrollo Urbano reordena la ciudad en torno a los viales que señalábamos en apartados anteriores, proyectando la ciudad hacia el oriente a partir de la Avenida el Jordán, que aparece como una continuidad de la Avenida quinta, y de la Avenida Mirolindo que se constituye como una continuidad de la carrera cuarta. De igual manera la ciudad va ampliando su trazado urbano a través de la urbanización que se da entre los ejes viales […]” (González, 265). Esta expansión es la que delinea la forma geométrica de la ciudad actual: limitada al norte y al sur, la ciudad se proyecta como un corredor occidente-oriente. Así en su forma geométrica habita la fatalidad primigenia de ser una ciudad intermedia de conexión, el camino del Quindío en el occidente y la ruta hacia la Capital en el oriente. Sin norte y sin sur la ciudad se ensancha a la espalada de su bostezo fundador.
[3] Tal nudo se volvió poco a poco un punto de congestión vehicular, entonces para la década del 2000 se construyó un puente elevado que conectó la Avenida Ferrocarril con la Avenida El Jordán. Por debajo de este puente, la carrera quinta desaparece en una bifurcación, una parte lleva a la Vía a Mirolindo (salida oriente de la ciudad) y la otra parte pasa por debajo de un puente, que antaño fuera el camino del ferrocarril, y transforma en la carrera 2ª; esta ruta un tramo más abajo conecta con la Avenida el Jordán y es paso obligado de la busetas que vienen del occidente por la Quinta y van a tomar La Jordán hacia el oriente.  

Si un observador distraído en la plazoleta Darío Echandía




Al fondo, una palmera de la plaza Murillo Toro se delinea sobre los edificios y el cielo. Más cerca, un viento suave se desliza por el callejón de la biblioteca Darío Echandía. Con el nombre de la biblioteca como espaldar, una chica contiene con fuerza un llanto que se le fuga entre las manos cuando tapa su cara. El fresco de la noche va bajando sobre el asiento caluroso de la tarde. Sobre el escenario de la plazoleta, un presentador despide una intervención musical con nombre de música sacra, a cargo de unos de niños con camisetas blancas. Saliendo de la plazoleta, los niños intérpretes y sonoros, entre risas, una tambora y una guitarra, hablan de sus nervios e ignoran, al igual que aquel presentador, por qué se les presentó como música sacra. Huele a lluvia evaporada. Tomando el escenario de la plazoleta, una señora anticipa el próximo evento de una fundación con nombre latinesco.
Abandonado el escenario y armando corrillo, aquella señora junto a otras hablan sobre la proyección de la fundación, dicen que podrían hacer un baile realmente bueno, mencionan un par de nombres obscenos y se persignan. Cerca de la charla de las señoras, un niño de camiseta amarilla hace rebotar un balón inconsciente, la esfera no comprende su espacio, salta descontrolada, los pies del niño interceden, un silencio seco se escucha cuando el balón rebota en un transeúnte apurado. Tras las entrecortadas palabras del molesto balonazo, aparece un elegante perro peludo que lleva el ritmo del caminado de su dueña. Con paso distraído sobre el viento de la tarde, un perro pardo husmea un par de bancas y bebe agua de un charco iluminado por las recién encendidas farolas del callejón. Siguiendo el paso de la dignidad, el perro pardo comienza a saltar alrededor del perro peludo, mientras este anda con aire de aladas patas. Del costado del escenario de la plazoleta, sale un humo contento que exhala un tipo de jeans y que persigue un sujeto harapiento. A los pies del humero, pisquero y yerbero, cae un rebote del balón de aquel niño de camiseta amarilla, quien al recogerlo es jalado por una señora materna que lo regaña por acercarse a ese humero, ya que está bien dar balonazos a los transeúntes, pero no aproximarse a esos indeseables. Al fondo, apenas se desdibuja una palmera de la plaza Murillo Toro. Un vigilante de la biblioteca que cierra sus puertas a las seis de la tarde, amonesta a unos jóvenes sentados en las gradas más próximas a la entrada de su vigilancia. Un tipo de camisa a cuadros se sienta al lado de la chica que tenía como espaldar el nombre de la biblioteca; se miran. Atrás de una de las bancas está escrito un oscuro graffitti: “Un cuervo estará frente a tus ojos mientras duermes”. La ciudad sigue su atardecer, si un observador distraído…[1]          





[1] "El uso define el fenómeno social mediante el cual un sistema de comunicación se manifiesta en realidad; remite a una norma. Tanto el estilo como el uso apuntan a una "manera de hacer" (de hablar, de caminar, etcétera), pero uno como tratamiento singular de lo simbólico, el otro como elemento de un código, Se cruzan para formar un estilo del uso, una manera de ser y una manera de hacer." (De Certeau, 112)

La Urbanización de un Parque




Antes era más oscuro, el parque y sus habitantes eran una sola noche, una sola mancha negra interrumpida, cada tanto, por un opaco y discontinuo alumbrado público. Antes, se caminaba invisible entre otras respiraciones, calladas, que inhalaban el humo de un porro o de un suspiro. Antes, las horas de oscuridad en el parque de Arkalucía se vivían como la noche. Entonces, en el amanecer del nuevo milenio, de los potreros comienzan a emerger los bloques residenciales Millenium; atrás, en la esquina maldita de la 64 con Jordán, donde nada prosperaba, ancla sus curvas una M con los colores amarillo, verde y rojo, el tricolor ibaguereño, la M corresponde a Multicentro, un centro comercial moderno; y a media cuadra de allí, por la 64, se comienzan a levantar las torres y las rejas del Club Residencial Multicentro. 

Al surgir las construcciones, el parque se volvió escampadero de jovencitos que deambulaban por la nueva zona de moda; la luz de los bloques residenciales reconfiguró la visibilidad nocturna del parque; unas sendas de cemento en-rutaron pasos cotidianos. Ahora, se ha tranquilizado la moda inicial y el río de jovencitos, pero el espacio se ha visibilizado, se ha iluminado, se ha normalizado. El humo de porro nocturno y místico es ahora de todas las horas; ya no hay espectros peligrosos y callados, sino grupos jóvenes y dicharacheros que rotan el día y la noche en la risueña de la yerba. Quizá se trata de la acomodación de la luz, quizá la urbanización sea solo el manejo de la luz.



La frontera de un Centro Comercial


1.      Es la noche de un viernes caluroso y algo húmedo.
2.      Hace unos meses que han inaugurado el nuevo centro comercial[1].
2.1.   Este es un verdadero centro comercial[2].
2.1.1.     Pisos pulidos
2.1.2.     Mediaciones de marcas famosas
2.1.3.     Apariencia de espacio público
2.1.4.     Salas de cine seriales
2.1.5.     Plaza de comidas estandarizada
2.1.6.     Tiendas de cadena
3.      Una masa de jóvenes llena la entrada oriental, las escaleras, los quicios.
3.1.   La masa es en apariencia estática.
3.1.1.     La cantidad de cuerpos se confunden.
3.1.2.     Los cuerpos intercambian lugares en el espacio.
3.2.   La masa apropia espacio privado como si fuera público[3].
3.2.1.     Los jóvenes son consumidores de espacio, no de productos del centro comercial.
3.2.1.1.           Los jóvenes consumen el valor del espacio, como espacio nuevo, como espacio de moda.
3.2.1.2.           Los jóvenes potencian el espacio de moda, para consolidar dinámicas de comunicación y encuentro.
3.2.2.     Los jóvenes muchas veces están en silencio, hacen comentarios silenciosos, están ahí y no se van.
3.2.3.     Otras veces hay charla bulliciosa y hay licor compartido.
3.2.4.     Las personas extrañas a esa dinámica o evitan esa entrada o la surcan como un espacio de desconfianza.
4.      Esos viernes fueron cesando, la masa se fue disolviendo.
4.1.   El problema de la moda espacial.
4.1.1.     Los jóvenes estaban por el contacto, por la novedad de ese espacio comunicante[4].



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[1] “Con una inversión cercana a los 30.000 millones de pesos, la constructora Pedro Gómez y Cía. S.A. empezará el proyecto comercial más ambicioso que haya llegado en los últimos años a la capital de Tolima.” (Viana)
[2] “Desde finales de los setenta, los centros comerciales entran a definir nuevos espacios públicos de la ciudad. Allí se va a comprar y a estar. Los diferentes comercios que se establecen en su interior articulan nuevos puntos de encuentro” (González, 309). Si desde esta década ya se estaban configurando estos espacios urbanos, para Ibagué Multicentro plantea el juego de construir un símbolo cosmopolita con marcas nacionales e internacionales, que evidencia la diferencia con lo local. De esta forma, comienza a desplazar espacios como el Centro Comercial la Quinta, que termina un poco aislado y pasa a ser espacio para oficina.
[3] Minkowski, leído y citado por Bollnow, habla del espacio diurno como algo claro, transparente y preciso, un espacio socializado que termina por revestir el carácter de lo público (196). Las luces del centro comercial son una simulación de ese espacio diurno de sociabilidad; en la noche el brillo de ese capital privado simula la claridad de un espacio vivencial que puede ser apropiado en la seguridad de las luces y las marcas. Son los jóvenes, desocupados y sin dinero que gastar, los que apropian la entrada como un rincón privado, una masa de códigos oscuros y con alguna cerveza, sin mucha conversación y mucho de estar-ahí.
[4] “La idea de “lugar” es la categoría más representativa cuando hablamos de los espacios públicos. El lugar llega a tener un significado colectivo por su reconocimiento y, por lo tanto, es un generador de sentido en la vida urbana, escenario de deseos y proveedor de huellas en la comunidad, por la intensidad de las interacciones que allí se desarrollan” (Pérgolis y Moreno, 98). Es interesante observar, a partir de esta conceptualización de lugar, que la entrada del centro comercial se transforma en un espacio público, a pesar de que no lo es en sentido estricto. Los jóvenes construyen un sentido colectivo en el encontrase ahí; los primeros meses después de la inauguración la entrada al centro comercial era un archipiélago de grupos de jóvenes, todos por el estar-ahí, el estar-con, el mirar-a, la posibilidad de encontrarse-con. Nora Mesa en su reflexión sobre las nuevas espacialidades y significación de lo pública presenta que “Los centros comerciales son definidos como las “nuevas catedrales”, los nuevos espacios públicos que albergan la recreación, el sentido del deambular y el transitar de la calle, con la seguridad que le brinda el contenedor que inhibe su uso a otros pobladores, y que promueve los nuevos elementos simbólicos del encuentro: las esquinas, las intersecciones, los “malls” y terrazas de comidas, las plazoletas cerradas, los pasillos, el almacén, el cajero, la entrada por la calle o por la carrera. Los nuevos sentidos de circular y permanecer, la posibilidad de sólo mirar, el voyerismo y el espectáculo de los cuerpos, los peinados y la moda.” (126). El resaltado, que es el mío, resulta interesante en cuanto a que es un punto de encuentro, pero es un punto de encuentro fronterizo en el que público y privado se confunden en la apropiación (no en lo urbanístico); aun en la dinámica inicial de esa entrada se daban ocasiones en que ese punto fronterizo no representaba la seguridad del adentro del centro comercial.         

jueves, 19 de junio de 2014

La ausencia de (la) (Ga)(r)(za)



http://www.ibague.8m.com/photo.html
Aquí ya no está, quedan muescas en sus anteriores aposentos, aquella cabeza de adarga española, en un parque con el que comparte nombre, Andrés López de Galarza, en la esquina de la 19 con segunda. Desde allí, con los rasgos metálicos que le labró el escultor Enrique Saldaña, solía imponer su mirada vacía a quienes llegaban al terminal, y quizá con la voz anacrónica del símbolo decía: ¡Qué talle y qué donaire! ¡Qué alto cuello, Galarza! Con la cabeza, el lugar completaba las coqueterías de una desesperada presunción de origen e identidad: aquí el sereno busto del fundador español, allá la primera piedra de la ciudad; cruzando la calle, el monumento a la raza en las curvas de un indio belicoso (al que los hijos de la ciudad le robaron su lanza); en frente, todo un monumento a la tricolor nacional, encaramada a varios metros; a un lado los libreros y al otro las putas. Pero la cabeza ya no hace parte de este cuadro, hace unos años la mandaron para el viaducto del Sena, la reinauguraron con saludo militar y se la pasan limpiándola de los revisionismos grafiteros que le gritan “genocida”.


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http://www.qhuboibague.com/blog/?p=14597
HÉLMER PARRA - EL NUEVO DÍA
http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/tolima/ibague/139471-fotonoticia-vandalismo-se-ensana-con-efigie
http://elblogdedonramon.blogspot.com/2010/11/la-cabezota-del-viaducto.html
Los revisionistas del spray y los del saludo militar saben algo del busto al costado del viaducto. Los revisionistas están al tanto de que era colonizador español y los del saludo militar notan que tenía grado de capitán. Los oidores Góngora y Galarza lo conocían, incluso este último era su hermano. Así encomendaron la cabeza de una expedición a él, el recién por capitán nombrado, don Andrés López de Galarza, contador de la hacienda real en Santafé. La Audiencia Real había olido oro y proyectado caminos por el Valle de las Lanzas; sus ojos de patas largas vieron la expedición como algo necesario. El camino por entre las lanzas de este valle, al que los comedores de carne humana llamaban Combayma, Anaima y Metaima, en lengua de no nuestro señor, fue harto arduo y lleno de aventuras dignas de saberse y contarse[1].

Fray Pedro Aguado fue uno de los que más cercanamente relató este hecho como crónica verdadera, la cual ocupa el libro séptimo de la primera parte de su Recopilación historial. Esta obra es documento y símbolo del proceso de colonización en el llamado Nuevo Reino de Granada[2]. Específicamente, aquel libro séptimo es quizá la narración más emblemática del origen de la ciudad de Ibagué, por supuesto contada en palabras de los conquistadores. Allí el capitán Galarza se gana su puesto como conquistador de ese difícil Valle de las Lanzas y como fundador de Ibagué, punto intermedio entre Santafé y el occidente por el camino del Quindío.

La expedición de Galarza y la narración de Aguado son precursoras del conflicto en la apropiación de la efigie del costado viaducto[3]. Unos pintan la cabeza, otros saludan con honores, unos critican la falta de pertenencia a la ciudad, otros recuerdan la sangre derramada, unos dicen pasado pisado, otros trazan vagos epítetos de los pacificadores, unos piden vigilancia para los espacios públicos, otros atacan la memoria-monumento de la ciudad. El ahora en la memoria conflictiva mestiza hace de la cabeza del capitán un espacio de lucha en el que se enfrentan: la exterminación genocida, la labor fundacional sobre la sangre, la impostura de apropiar directamente lo indígena, la dura devoción en el amar y el odiar simultáneamente lo español, saberse híbrido en el espejo y negarse un poco como parte de una hipocresía fundacional, odiarse un poco, como se odia un poco a la ciudad y a su fatal fundador. La cabeza broncínea de ojos amarillos y llanto bilioso congela una convergencia de sentires discordantes.
http://elblogdedonramon.blogspot.com/2010/11/la-cabezota-del-viaducto.html




[1] “En el libro sétimo se escribe y trata la población y fundación de la ciudad de Ibagué, hecha por el capitán Andrés López de Galarza, que antes había sido contador de la hacienda real del Nuevo Reino de Granada, en el año de mil quinientos cincuenta, siendo oidores de la Chancillería y Audiencia real del Reino los licenciados Góngora y Galarza.” (Aguado
[2] “La "Recopilación Historial", meritoria obra que fray Pedro Aguado, fraile franciscano de la Provincia de Santafé, redactó a base de sus propias anotaciones y los tratados históricos y apuntes que dejó otro fraile de la misma Provincia, fray Antonio Medrano, constituye una obra básica, indispensable para el estudio de la época de la conquista y población de las tierras de la actual Colombia y de una parte de las de Venezuela […]” (Leer más).
[3] Este conflicto no es otra cosa que el mestizaje mismo, un barroco manierista que implica el claroscuro, la configuración de un odio y de un amor propio, en la imagen del español y del indígena que nunca hemos sido, pero de cuya mezcla somos herederos. Un ejemplo está en el mismo Aguado, quien consideró la evangelización de los indios Cogua como una empresa exitosa; sin embargo, una imagen que recoge fray Pedro Simón, decenios después, es la de un cacique Cogua que en su lecho de muerte dentro de sus manos, que sostienen un crucifijo, está Bochica. Tal imagen resuena en nuestras culturas híbridas, producto de la colonización; Aguado nunca comprendió que no estaba produciendo católicos de contrarreforma, sino que estaba siendo parte de un proceso multiforme de mestizaje, cuya imagen fundadora es la de aquel cacique sosteniendo, simultáneamente, en sus manos y en su fe a Cristo y a Bochica.   

PUNTOS de encuentros



Me verás volar
Por la ciudad de la furia
Donde nadie sabe de mí
Y yo soy parte de todos.

En la ciudad de la furia – Soda Stereo

La memoria de la descripción y el habla de las fuentes se citan en esta sección. Puntos de encuentros propone espacios concretos y panorámicos; los espacios escogidos son lugares donde prima lo público de la ciudad y la convergencia de los sujetos (ya como cuerpos, ya como representación). Así, el sustrato de esta sección está hecho tanto de la mirada descriptiva concreta de los espacios como de la apropiación de fuentes y representaciones librescas y mediáticas. El punto termina siendo la representación de una armonía posible.

Por otra parte, han sido valiosas algunas de las concepciones presentes en los lentes-reflectores, especialmente las de comunicación-ciudad. Estas ayudan a conformar el aparato crítico, que es constitutivo y fundamental de algunos de los puntos. La lógica de una polifonía perspectiva sobre el mapa tiende hacia la idea de este trabajo: “representaciones gráficas de un espacio, son maneras de poseer y controlar un territorio determinado, pero por otra parte, como textos, son lugares de manifestación de sentido, posibilitan intervenciones y operaciones sobre dicho territorio” (Valencia, 8). Entonces, en esta sección se elaboró un punto de encuentro por…

…la intervención de un efigie pública y sus ecos históricos e identitarios en La ausencia de (la) (Ga)(r)(za).

...el crecimiento de la ciudad y una mirada a los cambios que suponen modernización en Un camino hacia el bautista, La urbanización de un parque y La frontera de un centro comercial.


…un atardecer en los habitantes de una descripción mínima de ciudad en Si un observador distraído en la plazoleta Darío Echandía.