jueves, 19 de junio de 2014

Crecer en la Noche


©tattoosday
Solirio figura el descubrimiento de una ciudad en la arquitectura de una propia existencia. Se trata de una niña, una jovencita, cuya voz viva y muerta lleva el relato. Los diferentes estadios de tal relato corresponden a episodios formativos de la vida Solirio[1], hasta que entra en La noche infinita[2]. Esta historia tiene potencia y tiene ciudad[3], pero no tiene lenguaje. Solirio habla de leyendas, cuenta eventos de su cotidianidad,  habla con recuerdos espectrales, narra su formación intelectual y musical, observa su propia muerte y su propio fantasma; todo ello se hace con una Ibagué siempre allí, siempre como un espacio inherente al relato[4]. Y sobre estos eventos esboza Carlos Andrés Oviedo, un narrador de carne que apuntala las palabras de la novela, pero que construye una forma poco depurada e inocente[5]. Aun así, este escritor proyecta más relatos urbanos; la experiencia quizá sirva para figurar otra Ibagué.






[1] Se puede pensar este relato como una novela de formación desde el Bildungroman. El término alemán “Bildungsroman” ha tenido una significativa genealogía dentro de los estudios literarios desde el siglo XIX hasta nuestra época. Su desarrollo ha sido marcado por su concepción como género novelístico en cuanto a “novela de aprendizaje”, “novela de educación” o “novela de formación”. En su definición más simple es un relato que cuenta el crecimiento de un personaje hasta entrar a la edad adulta, haciendo un énfasis estructural en aquellos episodios decisivos en la construcción de la identidad del sujeto en cuestión. Sin embargo, a lo largo de su historia crítica, el género ha sido conceptualizado y usado de diferentes maneras. En primer lugar se debe reconocer que este género  obedeció a la puesta en forma de aspectos literarios y extraliterarios de la Alemania del siglo XVIII (Rodríguez, 51). Luego, establecido este origen histórico, también se debe reconocer el uso y abuso de este término en la crítica y teoría literarias (Rodríguez, 29). En el artículo “Modernist Studies and the Bildugsroman”, Tobias Boes elabora un recorrido por las concepciones y discusiones a propósito del “Bildugsroman”. Por supuesto, con esta problemática en mente, puede decirse que la formación es la columna del relato; sin embargo, no hay paso a una vida adulta, ya que Solirio muere para condensar la metáfora que da nombre a la novela. Así que como toma de posición queda la duda sobre la muerte como una interrupción definitiva en el proceso de formación, pero sin una construcción de Bildungsroman, sino más bien como un romanticismo juvenil de una lúcida sensibilidad que fallece joven.  
[2] La novela La noche infinita fue publicada por Caza de libros, impresa en Ibagué y presentada en el marco de la Filbo 2013.
[3] Con todo, esta novela resulta un punto de referencia para el panorama de la literatura que apropia Ibagué como espacio urbano.
[4] Bajtín propone una unidad espacio-temporal moldeada desde la forma estética a la que llama cronotopo. Esto no solo se trata del espacio y tiempo en sí, descritos en una obra, sino que es la construcción de sentido a partir de las formas espacio-temporales presentes en una obra. La noche infinita está construida sobre un cronotopo constante que, a su vez, se desenvuelve sobre la idea de formación del Bildungsroman. Así, los diferentes estadios de aprendizaje en la vida de Solirio se construyen sobre una cierta visión de ciudad, que además se mueven sobre unos años presentes y futuros. Podríamos tomar como ejemplo la visita al balneario, los comentarios sobre el frío de antaño en la ciudad y la hacienda fantasma y fundacional de Ibagué (Oviedo 25-45). Además resulta curioso que, a pesar de que la columna vertebral son los relatos de formación, siempre sea constitutivo un tono melancólico y nostálgico, impuesto por un narrador que se olvida constantemente de Solirio y le arrebata la voz.
[5] Si bien se ha visto en esta novela una iniciativa interesante en cuanto a Ibagué como espacio urbano, es importante señalar el descuido estilístico que deja sobre la marcha esta obra literaria. En literatura una cosa es la construcción autónoma del lenguaje, la palabra como material, independientemente de todo; otra cosa es el descuido formal que quiera ponerse una máscara estética. Se puede tomar como ejemplo panorámico la doble voz que lleva la novela, una perteneciente a Solirio y otra al narrador; la cuestión es cómo Solirio, como heroína hablante, pierde su consistencia como niña-personaje, cuando se ve constantemente infectada por juicios y apreciaciones que no parecen ser de ella, sino que el narrador la está usando en un posición monofónica. También hay situaciones como la risible intervención retórica de Simón Bolívar o la forzada expresión de “el viejo mete-saca” para una reflexión sexual. Pero sobre todo lo que ocurre con la novela es el hecho de que la personalidad sensible y romántica de Solirio termina por hacer una apuesta en la nostalgia del lugar común, lo cual presenta una monofonía inocente, no de parte de la protagonista, sino del artífice detrás de ella.

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