viernes, 20 de junio de 2014

La Urbanización de un Parque




Antes era más oscuro, el parque y sus habitantes eran una sola noche, una sola mancha negra interrumpida, cada tanto, por un opaco y discontinuo alumbrado público. Antes, se caminaba invisible entre otras respiraciones, calladas, que inhalaban el humo de un porro o de un suspiro. Antes, las horas de oscuridad en el parque de Arkalucía se vivían como la noche. Entonces, en el amanecer del nuevo milenio, de los potreros comienzan a emerger los bloques residenciales Millenium; atrás, en la esquina maldita de la 64 con Jordán, donde nada prosperaba, ancla sus curvas una M con los colores amarillo, verde y rojo, el tricolor ibaguereño, la M corresponde a Multicentro, un centro comercial moderno; y a media cuadra de allí, por la 64, se comienzan a levantar las torres y las rejas del Club Residencial Multicentro. 

Al surgir las construcciones, el parque se volvió escampadero de jovencitos que deambulaban por la nueva zona de moda; la luz de los bloques residenciales reconfiguró la visibilidad nocturna del parque; unas sendas de cemento en-rutaron pasos cotidianos. Ahora, se ha tranquilizado la moda inicial y el río de jovencitos, pero el espacio se ha visibilizado, se ha iluminado, se ha normalizado. El humo de porro nocturno y místico es ahora de todas las horas; ya no hay espectros peligrosos y callados, sino grupos jóvenes y dicharacheros que rotan el día y la noche en la risueña de la yerba. Quizá se trata de la acomodación de la luz, quizá la urbanización sea solo el manejo de la luz.



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